Durante el viaje en bicicleta por Provence, me acompaña The Cosmic Serpent, un libro que explora la sabiduría chamánica y su relación con la biología molecular y trata de demostrar que hay una forma de acceder al conocimiento que no es científica. Aunque la premisa me parece fascinante, el libro se me hace difícil de leer a causa de una metodología inquisitiva muy académica y mecánica.
Si me llegara el francés leería a Saint-Exupéry o a Lévi-Strauss. Pero primero he de practicar con algo más elemental. Una noche, me dejo perder en la librería Boulinier de París. Con la mirada un poco baja del cliente que se lleva la muñeca hinchable del sex shop, compro varios tomos de ocasión de Dragon Ball. Tumbado sobre el tatami japonés de mi piso en Montmartre, devoro estas trepidantes aventuras sazonadas con los ingredientes de las mejores historias. Dejo París con la tristeza de no haber completado la saga (llego hasta el volumen 11) y prometo acabar la colección en la próxima oportunidad.
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